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miércoles, 17 de febrero de 2016

Productores estadunidenses del esquisto

Productores estadunidenses del esquisto, víctimas de su desmesurada codicia

Impetuosos, se montaron a horcajadas en la ola ascendente de los precios internacionales del petróleo, iniciada a principios de 2009, la cual, mientras duró, les permitió compensar sus altos costos de producción y les proporcionó una ganancia nada despreciable, una vez deducida la parte alícuota del capital invertido en un ciclo productivo, y creciente en el tiempo.
  
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Atrabancados, ante las jugosas expectativas de que las cotizaciones aumentarían indefinidamente, debido al voraz e insaciable consumo mundial del energético proyectado, supuestamente respaldado por un mejor crecimiento económico internacional, aceleraron la producción del crudo desde aquel año citado, sobre todo la del esquisto, la cual posibilitó que Estados Unidos revirtiera la tendencia declinante de la extracción tradicional interna, que en 2008 llegó a su nivel mínimo, comparable a la de finales de 1940.
Que ese país recuperara sus niveles producidos a mediados de 1985, que fue de poco más de 9 millones de barriles diarios (mbd), según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), el brazo estadístico del Departamento de Energía que, además, asesora a 28 países industrializados en la materia.
Que arañara el anhelo por alcanzar y superar la extracción histórica obtenida en octubre-noviembre de 1970, que fue de poco más de 10 mbd, meta planeada hacia 2017 o 2018, de acuerdo con dicha Agencia, así como el de desplazar a los dos productores más importantes del mundo. Primero a Arabia Saudita, el segundo lugar, en 2016, cuya producción al cierre de 2014 fue de 9.7; y después a Rusia, cuya extracción fue de 10.6 mdb.
Que se insuflara la ambición por la independencia energética. Ese delirio que persigue y atormenta a los estadunidenses desde 1973, cuando los productores árabes rechazaron violentamente su papel de colonizados, de sumisos oferentes de petróleo cuasi regalado, le decretaron el embargo de esa materia prima juntos a sus socios israelitas y europeos, y contribuyeron a profundizar la recesión inflacionaria que, como lepra, azoló al capitalismo mundial durante esa década.
Casquivano en sus juicios, como siempre, Bloomberg señaló que esa potestad está al alcance de la mano estadunidense. Aventuró que en unos 20 años podría ser un sueño realizado. Siempre y cuando no se modificaran los factores que facilitaron la rápida producción de hidrocarburos. Entre ellos, la tendencia ascendente de los precios, el acceso al crédito fácil, la pasividad de los demás oferentes por aceptar la pérdida de sus cuotas de mercado, sus petrodivisas y petroingresos fiscales, ante un cambio desventajoso en el funcionamiento estructural de la industria de los hidrocarburos, la transformación en el equilibro geopolítico del mundo y actual, y el nuevo sometimiento a la hegemonía energética estadunidense.
Es menester destacar que la acelerada expansión de la producción del crudo de esquisto fue facilitada por la política monetaria laxa o “acomodaticia” –tasa de cero o casi cero por ciento de las tasas de referencia– aplicada por los principales bancos centrales, la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra, a raíz del colapso de 2008.
Esa medida redujo el costo del crédito bancario empleado por empresas del esquisto, lo que explica la ampliación de oferta del crudo no convencional cuyo desarrollo demanda grandes gastos de capital. Lo anterior es complementado con los apoyos gubernamentales: tanto por el lado fiscal como por las políticas energéticas.
Por desgracia, esa política monetaria contracíclica, de dinero casi regalado, ha tenido otros efectos perjudiciales para el mercado petrolero internacional y la energía.
Uno de ellos es que, al menos durante un tiempo, la producción del crudo de lulitas, cuestionado por sus devastadores secuelas ambientales, afectó la expansión de las llamadas fuentes alternas de energía limpia (la solar o la eólica). Se reprodujo la situación ocurrida en la década de 1980, cuando se desplomaron los precios del petróleo.
Otro es que parte de los capitales baratos no se destinaron hacia las inversiones productivas. Volvieron a orientarse especulativamente hacia las inversiones en coberturas y en los mercados de materias primas, en especial del petróleo y el oro. Ello agregó un componente artificial a la tendencia ascendente del precio del crudo, entre la segunda mitad de 2009 y la primera de 2014, la cual no puede ser explicado exclusivamente por la demanda de hidrocarburos. Porque ese periodo se caracteriza por la recesión, el estancamiento internacional y una enclenque reactivación, en particular de los países industrializados, voraces consumidores de hidrocarburos (según la Organización de Países Productores de Petróleo, OPEP, los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos demandaron la mitad del total en 2014: 46.7 mbd de 91.1 mbd; Estados Unidos participó con 19 mbd o el 21 por ciento y los países en desarrollo con 30 mbd o el 33 por ciento).
La rápida caída de las cotizaciones puede ser razonada por la especulación. La peor baja de los precios en 2004 fue en diciembre (en 21 por ciento respecto del mes anterior; una pérdida de 16 dólares por barril) se debió a la venta masiva en los mercados de futuros del petróleo. La revaluación del dólar estadunidense, motivada por la especulación, se ha sumado al deterioro de los precios.
Un tercer aspecto pernicioso es que la estrategia de los bancos centrales ha sido inútil para estimular la reactivación de las economías industrializadas y, con ello, la demanda de crudo. Si acaso fue contracíclica, sus efectos fueron anulados por el retorno a la austeridad fiscal y sus secuelas contraccionistas. La caída de los precios del crudo reavivó el fantasma de la deflación europea: recesión con decremento de la inflación. Según la OPEP, Europa es responsable del 33 por ciento de la demanda mundial de petróleo, 13.4 mbd.
Para complicar el panorama, China disminuye su crecimiento y el consumo de crudo. Y el Fondo Monetario Internacional proyecta una menor expansión mundial en 2015.
Bajo la lógica de Bloomberg, de la AIE y otros optimistas que se creen festivamente esa onírica narrativa de largo plazo, o la profesaban, ello implicaría que, al menos en el caso del petróleo, la producción estadunidense tendrá que elevarse en promedio en al menos 7 mbd por año, volumen que corresponde a las importaciones netas de ese producto, adicionales a los 8.7 mbd extraídos actualmente, de acuerdo con las estadísticas de la AIE. Ambos conceptos sumaron 16 mbd en 2014. Si se considera al petróleo y otros líquidos, el consumo fue de 19 mbd. De ellos, 13.7 mbd fueron cubiertos localmente y el resto con las compras externas.
La cuantía de las importaciones representa la magnitud del reto, en caso que quiera eliminarse completamente su dependencia de ellas. Naturalmente, la cantidad sería menor si sólo se desea reducir la vulnerabilidad ante los choques petroleros, y cuyas secuelas perniciosas podrían manejarse sin graves sobresaltos a través del empleo de las reservas estratégicas, o del desarrollo de otras fuentes alternas de energía como la solar o la eólica. Lo que sí es claro es que la ampliación anual de la demanda nacional exigirá la correspondiente ampliación de la oferta interna.
Mientras se realiza el sueño, la rápida extracción ha contribuido a que la nación imperial redujera su dependencia de las importaciones petroleras a su nivel más bajo desde 1994-1995, en términos de volumen; y desde principios de la década de 1990, en términos relativos, si se considera su participación en la demanda nacional de crudo (incluye la producción local y las compras externas, menos las ventas foráneas). También a que ampliara sus exportaciones desde septiembre de 2013 y que a finales de enero de 2015 sumaron 502 mil barriles diarios, en su mayor cuantía desde 1952, hecho que haya llevado al gobierno de Barack Obama a tomar en consideración de eliminar la prohibición de sus ventas externas como estableció la Ley de Conservación y Política Energética de 1975.
Todo lo anterior, gracias al milagro por medio del oil shale y el gas shale.
El mercado petrolero era una fiesta hasta junio de 2014; y la burbuja de los precios era estimulada complementariamente por la especulación en los mercados de futuros, pese al desfase ostensible entre la oferta y la demanda petrolera.
En las cuentas alegres que realizaban los productores por esas fechas, en especial los no convencionales, se suponía que no tardaría demasiado tiempo en recuperarse el precio medio (del West Texas Intermediate, el Brent y el Dubai Fateh) observado al momento del colapso sistémico del capitalismo neoliberal, en 2008. En julio de ese traumático año, el crudo había llegado a su cúspide: 132.55 dólares por barril (db). Cinco meses después se desfondó hasta los 41.53 dólares. No obstante, para junio de 2014 recupera una parte nada despreciable del terreno perdido, al ubicarse en 108.37 db.
Lúbrico, el precio histórico del petróleo de 2008 volvió a brillar. A una distancia cada vez más cercana, los productores casi podían acariciarlo con sus manos codiciosas, como si fuera el idolatrado becerro de oro.
Al menos así se lo imaginaron los oferentes de esquistos que, al igual que sus publicistas, anunciaban y festejaban el funeral de la OPEP, acusada de actuar como “cártel”: como una asociación que busca eliminar o reducir la competencia en el sector petrolero, con el objeto de controlar la producción, la distribución y los precios, en aras de obtener las máximas ganancias (digamos como operan Televisa y Tv Azteca en el ramo de los medios audiovisuales). La herida ocasionada por el embargo petrolero de 1973 y su periódica defensa de los precios ajustando la demanda equivalen a supurantes llagas abiertas.
La OPEP es atacada por ejercer su elemental derecho a defender sus intereses en la jungla capitalista, cuyas reglas exigen la permanente sumisión de los débiles, su aceptación eterna del fatalismo histórico. Por su infame osadía de encarecer cíclicamente el precio de la rapiña, la depredación y la dilapidación de esa materia prima que beneficia esencialmente a las naciones metropolitanas y las elites locales (dominantes hacia dentro, dominadas hacia fuera), y que, una vez que se agote, sólo dejará a los países productores su estela de miseria, destrucción ambiental y atraso económico (como ha ocurrido con los productores de la plata, el estaño, el caucho o el guano).
La OPEP es defenestrada porque, entre otras cosas, replanteó las relaciones del intercambio desigual a las que normalmente son sometidas las naciones capitalistas colonizadas y neocolonizadas. Ya sea a través de la invasión directa y la imposición de cónsules, como sucedió con Irak, Libia o Siria; o indirectamente, por medio del golpismo, como fueron los casos de Mohammad Mosaddeq, sustituido por el sha Reza Pahlavi, en Irán; o Salvador Allende, en Chile; o la imposición de programas y reformas económicas fondomonetaristas y del Banco Mundial.
Groseramente, el intercambio es justificado por la “teoría” económica tradicional del comercio internacional de las ventajas comparativas estáticas, la cual ha seducido a los nobles corazones de los tecnócratas mexicanos, de Carlos Salinas y Pedro Aspe, a Enrique Peña y Luis Videgaray.
Sus teóricos recomiendan que los países atrasados acepten el fatalismo histórico: se especialicen en la “ventajosa” producción y exportación de sus abundantes “recursos naturales” que disponen, de materias primas e importen los productos industrializados generados en las metrópolis capitalistas. Sin importarles que los precios de aquellos bienes sean más baratos, comparados con éstos, lo que redunda en una balanza comercial crónicamente deficitaria, en su adicción al financiamiento externo para ajustarla, en su dependencia estructural. Que ese desfavorable diferencial de precios implique la transferencia del excedente económico hacia los países industrializados, cuya acumulación de capital se robustece, a costa del atraso y la miseria de los primario-exportadores. Que esa asimetría capitalista reproduzca el desarrollo de las metrópolis y el subdesarrollo de la periferia.
Por cierto, ese funcionamiento del capitalismo, tan estudiado por viejos economistas como Raúl Prebisch, Samir Amin, Arghiri Emmanuel, Christian Palloix, Giovanni Arrighi o Charles Bettelheim, entre otros muchos, y el cual se hundió en el fracaso durante la gran depresión de la década de 1930, fue sacado de su sarcófago en la década de 1970 por los neoliberales, que lo convirtieron en el credo dominante actual (aún con sus reiterados desastres como el pinochetista, el salinista, el menemista o el sistémico de 2008). El peñista Chicago Boy Luis Videgaray conoce muy bien esa historia. La profesa y la aplica con sus políticas públicas. La reprivatización y la desnacionalización del petróleo mexicano son tediosos detalles.
El gozo de los precios se fue al pozo petrolero, de una profundidad digna de un productor de esquistos bituminosos o shale oil.
A finales de enero, el precio medio vuelve a desplomarse a 47.81 db; 56 por ciento menos respecto de junio de 2014. Acumula una pérdida de 60.56 dólares. El 26 de enero el WTI se ubica en 44.40 dólares y el Brent en 46.07 dólares. La canasta de precios de la OPEP en 52.22 db al 4 de febrero. En junio citado se tasaba en 110.48 db.
Entre el 26 de enero, cuando valía 42.90 db, y el 4 de marzo, el precio de la canasta recupera 9.32 dólares. Sin embargo, quienes supongan que esa mejoría indique que los precios ya tocaron fondo y, quizá, se está en vísperas de una tendencia ascendente, pueden llevarse una sorpresa desagradable. El alza también puede ser un respiro. Antes de seguir su curso hacia el fondo incierto donde se estrellará estrepitosamente, en una fecha desconocida.
Un punto de inflexión implicaría la modificación de las condiciones adversas.
Pero aún se desconoce si se ha reducido la sobreoferta total. Si ha aumentado la demanda. Si existe la combinación de ambos factores.
El 18 de enero, Abdullah al-Badri, secretario general de la OPEP, aventura una respuesta: “Los precios han sido impulsados por cuestiones técnicas como eventos en Alaska y el Mar del Norte, la debilidad del dólar y la especulación”.
La AIE confirma la especulación. Los buitres financieros hicieron una apuesta alcista e invirtieron en los mercados de futuros desde finales de diciembre. Según la AIE, las posiciones en el Brent aumentaron 75 por ciento y los contratos subieron a 115 mil 571. Las posiciones largas se elevaron en 27 mil 58, y las cortas bajaron en 22 mil 540. Los fondos de cobertura y los administradores de dinero jugaron en el mismo sentido con el WTI: las posiciones largas subieron en 25 por ciento.
En su caída, los tipos de crudo líderes han retrocedido a sus cotizaciones de marzo de 2009.
Si se considera la cima y la sima de los colapsos de los precios, la baja nominal más violenta corresponde al de 2008, seguido por el de 2014. Son las más graves desde el embargo petrolero de 1973.
Entre el 3-4 de julio y el 23-24 de diciembre de 2008 el precio medio del Brent y el WTI se colapsa de 144 db a 32 db. Pierde 112 dólares o el 78 por ciento de su valor nominal. La cesta de la OPEP cae de 140.73 db a 33.36 db; pierde 107.36 dólares o 76.30 por ciento.
El colapso financiero sistémico y la subsecuente recesión económica aplastan entre sus escombros las expectativas de la creciente demanda petrolera, sobre todo de los países periféricos como China, de la producción, de los precios y la especulación de los mercados de futuros. Ese año el producto interno bruto (PIB) mundial cae en casi la mitad (a 3 por ciento de 5.7 por ciento en 2007) y en 2009 a cero por ciento. Los tres recortes en la producción de la OPEP (4.2 mbd en total), para atajar la baja de los precios, y que reducirían su plataforma de 30 mbd a 24.8 mbd, no logran eliminar la sobreoferta petrolera (1.1 mbd). La OPEP había superado su meta en 1.1 mbd en 2007 y 2.1 en 2008, debido a la sobreproducción de Arabia Saudita (que en 2009 la reduce en 1 mbd), Irak, Kuwait, Nigeria y Angola. Los esfuerzos de la OPEP son contrarrestados por el alza de la oferta de Estados Unidos, Rusia, Kazajistán y Brasil.
El choque petrolero actual guarda rasgos similares al anterior. La desaceleración económica y el recesivo abandono de la austeridad fiscal. El pánico especulativo de los mercados financieros ante el próximo fin de la política monetaria laxa estadunidense. La eurozona bordea la deflación. La mayoría de los países que integran el llamado BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y Japón están en recesión. El crecimiento de China y los países subdesarrollados de marchita. El PIB mundial es de 3.3 por ciento en 2013 y 2014. En 2015 aumentaría 2 décimas de punto más y otras 2 en 2016, según el FMI.
Estancamiento y especulación: desfase entre la oferta y demanda petrolera. Aquella aumenta 2.2 por ciento, 2 mbd más. Ésta en 1.1 por ciento, 1 mbd, lo que arroja una diferencia de 1 mbd, aunque Abdullah al-Badri, del la OPEP, lo estima en 1.5 mbd. La caída de los precios de 115.57 dólares a 45.51 dólares entre el 8-9 de julio de 2014 y 13 de enero de 2015 disminuye. Cae en 70 db o 60 por ciento.
La OPEP reconoce que Irak, Arabia Saudita e Irán amplían su producción (265 mil, 91 mil y 98 mil barriles diarios cada uno). Libia y Nigeria hacen lo mismo, aunque al cierre de 2014 la reducen. La extracción total de la OPEP pasa de 30.2 mbd en 2013 a 30.3 mbd en 2014.
En oposición, los productores independientes aumentan la oferta en 1.9 mbd, 3.2 por ciento más, equivalente al 95 por ciento del total mundial. A Estados Unidos le corresponde 1.5 mbd, el 90 por ciento del total de estos oferentes y el 85 de la producción internacional.
Así, Estados Unidos es el principal responsable del exceso mundial petrolero, uno de los factores que explica el desplome de los precios.
Ello explica que, a diferencia del pasado, Arabia Saudita y la OPEP rechazaran asumir otra vez el papel del productor de equilibrio (swing producer), por medio del recorte de su oferta. Adoptar esa medida implicaría aceptar la cesión de su participación comercial y geopolítica en el mercado petrolero a Estados Unidos y, en particular, a los productores de esquisto. Su participación en la producción mundial de crudo cae de 54 por ciento del total en 1973 a 43 por ciento en 2014; se estanca, al pasar de 29.6 mbd a 30.2 mbd en 41 años del total. En términos absolutos se estancó.
En ese sentido, la llamada revolución del esquito estadunidense tiene que asumir un doble papel:
La de victimaria. Aprovecha el alza de los precios para acelerar su extracción y contribuye a inundar al mercado y a estimular la burbuja financiera que lleva al choque petrolero.
La de víctima de su propio éxito. Las cotizaciones le caen como una guillotina que pone en entredicho su futuro.
No le queda más que asumir las consecuencias de su producción y sus costos.
Al esquisto se debe en gran medida que las reservas probadas de hidrocarburos estadunidenses aumentaran 78 por ciento entre 2008 y 2013 –de 20.6 mil billones de barriles (mmb) a 36.5 mmb; las de petróleo de 19 mmb a 33.4 mmb–. Que la extracción de crudo subiera de 4.9 mbd en 2008 a 8.5, y a 9.2 mbd en enero de 2015, lo que significa que, pese a la sobreoferta mundial, los estadunidenses no pretenden reducir su producción.
A veces la ambición es suicida.
Se estima que el costo por un barril de esquisto es de 40-80 db, por lo que, con los precios actuales, un gran número de productores no les queda más que asumir pérdidas para tratar de capear el temporal.
Y la recuperación de las tarifas por arriba de 10 dólares no se avizora en lo que resta de la década.
Según la AIE, empieza a detenerse la creación de nuevas perforaciones y algunas compañías estadunidenses cierran los pozos pequeños y antiguos, conocidos como strippers, menos productivos; estos se calculan en 400 mil. Datos de enero muestran un descenso del 16 por ciento en los “equipos de perforación en tierra activos”. La Agencia prevé que las plataformas de extracción operativas sobre tierra se reducirán hasta octubre de 2015 en un 24 por ciento, y estima que la actividad se recuperará hacia finales del año.
El problema, empero, no es exclusivo de los pequeños productores. Por ejemplo, la empresa texana Schlumberger, Ltd, el mayor proveedor mundial de servicios y equipamientos para yacimientos petroleros, recién anunció su plan de despedir a unas 9 mil personas debido a la caída del precio. Anish Kapadia, del banco de inversión Tudor Pickering Holt, señala que las mayores petroleras internacionales abandonan proyectos por valor de miles de millones de dólares y reducen las inversiones, debido a la caída del precio del crudo. El sector bancario está inquieto debido a los riesgos de insolvencia de los petroleros y que los préstamos se conviertan en deudas basura. Royal Bank of Scotland, Barclays, HSBC y Standard Chartered podrían acumular pérdidas por unos 3.4 mil millones de dólares. Wells Fargo y JP Morgan hasta 100 mil millones. Los bonos de energía eran estimados en 208 mil millones de dólares, 16 por ciento de los papeles de alto rendimiento (1.3 billones).

El petróleo como arma geopolítica

EL ARTE DE LA GUERRA»

El petróleo como arma geopolítica

Manlio Dinucci ridiculiza el argumento de Washington, que pretende que Estados Unidos estará pronto en condiciones de garantizar el aprovisionamiento energético de la Unión Europea gracias al gas de esquistos y al petróleo obtenido de las arenas bituminosas. La realidad nada tiene que ver con esas afirmaciones. El mito del gas de esquistos se mantiene únicamente gracias a las subvenciones del Estado federal y si Estados Unidos dispone actualmente del petróleo que necesita es porque poco a poco ha ido apoderándose del petróleo existente en el Golfo de México.
 | ROMA (ITALIA)  
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Mientras la caída del precio del petróleo pone contra las cuerdas a una Rusia que, ya en crisis por causa de las sanciones de Estados Unidos y de la Unión Europea, ve disminuir los ingresos provenientes de sus exportaciones energéticas, Estados Unidos está convirtiéndose en el mayor productor mundial de crudo –en lugar de Arabia Saudita– y pronto será no sólo autosuficiente sino que estará también en condiciones de garantizar a la Unión Europea petróleo y gas en abundancia y además barato. Eso es lo que nos dicen los medios de prensa. Una historia que vamos a confrontar aquí con los datos de la realidad partiendo de la siguiente interrogante: ¿Por qué han bajado los precios del petróleo?
Esta caída se debe no sólo a factores económicos, como la contracción de la demanda mundial, sino también a factores geopolíticos. Ante todo, a la decisión de Arabia Saudita, el mayor exportador mundial –seguida de Rusia–, de mantener un nivel de producción elevado para que, al aumentar la oferta, disminuya el precio del crudo. ¿Qué interés tiene Arabia Saudita en esa maniobra, que puede reducir sus propios ingresos provenientes del petróleo? Afectar a otros países exportadores, principalmente a Rusia, Irán y Venezuela.
Riad puede darse el lujo de realizar esa maniobra porque los costos de extracción del crudo saudita se hallan entre los más bajos del mundo, 5 o 6 dólares el barril, mientras que la extracción de un barril de petróleo en, por ejemplo, el Mar del Norte cuesta más de 26 dólares.
La idea de que la maniobra de Riad pueda estar dirigida contra Estados Unidos, donde ha comenzado el bum del petróleo de esquistos, carece de lógica. En primer lugar porque Estados Unidos sigue importando petróleo saudita, cuya calidad conviene a las refinerías estadounidenses, mientras que el petróleo de esquistos sustituirá el que se importaba de Nigeria, de Angola y de Argelia. Y además porque la maniobra sobre el precio del petróleo es resultado de un acuerdo entre Washington y Riad basado en la estrategia tendiente –en primer lugar– a debilitar y aislar a Rusia. En ese contexto se inserta el bum del petróleo y del gas extraídos, en Estados Unidos, de los esquistos bituminosos mediante la técnica de fracturación hidráulica, o sea desbaratando la roca de los estratos profundos mediante el uso de agua mezclada con diversas sustancias químicas.
Se trata de una técnica muy costosa. Según la Agencia Internacional para la Energía, extraer petróleo de las arenas de esquistos cuesta entre 50 y 100 dólares por barril mientras que extraer un barril de petróleo en el Medio Oriente cuesta unos 10 dólares. Según los expertos, la extracción del gas de esquistos es económicamente interesante cuando el precio internacional del petróleo sobrepasa los 70 dólares por barril. Pero desde junio el barril el precio del barril de petróleo ha sufrido un descenso del 40%, así que el precio del barril anda por los 60 dólares, y puede seguir bajando.
¿Cómo es posible entonces que se mantenga el bum? Porque Estados Unidos –o sea, el Estado federal– está dedicando miles de millones de dólares a estimular esa actividad, en la que sean implicado generalmente pequeñas compañías petroleras. Resulta significativo comprobar que las mayores compañías se mantienen fuera de ese negocio, entre otras cosas porque los yacimientos que se explotan mediante la técnica de fracturación hidráulica se agotan mucho antes que los yacimientos convencionales.
También hay que tener en cuenta que esa técnica de extracción provoca muy graves daños al medioambiente, daños cuyos costos recaen sobre las colectividades locales. Muchas de ellas se oponen, hasta ahora con poco resultado, al uso de sus territorios para la extracción de petróleo y de gas de esquistos.
Así que el bum petrolero estadounidense tiene como locomotora los objetivos geopolíticos de Washington: por un lado, perjudicar a Rusia y otros países, y por otro lado, hacer que los aliados europeos sustituyan las compras de productos energéticos rusos por los que provienen de Estados Unidos.
El hecho es que Estados Unidos, que es el mayor importador de crudo del mundo, no puede garantizar a Europa los volúmenes de petróleo y de gas natural que garantiza Rusia, ni tampoco a los precios que practica Rusia. Todo esto no pasa de ser un bluff o, como dicen los españoles, un “farol” en el «póker americano» de la guerra.

El poder del petróleo en el siglo XXI

LA GUERRA POR RECURSOS ENERGÉTICOS YA COMENZÓ

El poder del petróleo en el siglo XXI

Los yacimientos de petróleo no son eternos. Algunos Estados, cuyas reservas disminuyen, están perdiendo poco a poco este regalo de la naturaleza. Otros, sobre todo en el Medio Oriente, tienen esperanzas de producir aún durante algunos años más a bajos precios. El constante aumento de la demanda y la baja de la oferta previsible a mediano plazo inquietan a Estados Unidos, que es el primer consumidor mundial. Economistas de todas las tendencias reclaman una regulación del acceso mundial a la energía, sin la cual aumentarán las guerras de rapiña, como la invasión de Irak.
 | PARIS (FRANCIA)  
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El precio del petróleo ha aumentado constantemente desde el 11 de septiembre de 2001, fecha de partida del nuevo régimen estadounidense. Aumento a más del doble en dos años y medio. Este aumento se debe a movimientos especulativos en los mercados que tienen en cuenta el «factor riesgo» a muy corto plazo ignorando, sin embargo, limitaciones geológicas y necesidades energéticas crecientes cuyos efectos se sentirán solamente a mediano o largo plazo.
Desde abril 2004, el alza se acelerado tanto que el precio del barril ha alcanzado rápidamente la increíble suma de casi 50 $. Los especuladores anticipan una reacción militar inminente de la administración Bush: ya sean atentados atribuidos a impalpables islamistas seguidos de un golpe contra la monarquía en Arabia Saudita [1] o un ataque convencional contra Siria [2].
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A mediano plazo, la demanda creciente de energía a nivel mundial, imputable sobre todo a la organización de la economía estadounidense y al desarrollo industrial veloz de la India y China, chocará en unos años con la caída de la oferta mundial de petróleo. Se producirá también un alza considerable de los precios a medida que haya que recurrir a yacimientos cuya explotación será cada vez más difícil y costosa.
Sin embargo, según todas las proyecciones disponibles, los principales yacimientos capaces de exportar en el momento de la crisis se encontrarán en el Medio Oriente. Para la junta petrolera Bush-Cheney, es por tanto conveniente tomar el control de esa región estratégica haciéndola pasar por un periodo de inestabilidad, incluso de caos.
El 31 de marzo de 2004, Yves Cochet alertaba a la clase dirigente francesa sobre el declive de la producción de «petróleo convencional» [3] en una tribuna libre que se publicó en el diario francés Le Monde [4]. Este diputado ecologista se basaba en los trabajos de los geólogos independientes de la ASPO [5].
En un editorial del diario New York Times publicado 7 de mayo, Paul Krugman recordaba por su lado que uno de los principales objetivos de la invasión contra Irak era aumentar rápidamente la producción petrolera iraquí para alimentar el crecimiento.
El magnate de los medios de comunicación masivos y uno de los más entusiastas en apoyar la guerra contra Irak, Ruppert Murdoch, hacía entonces la apología de las guerras de recursos en estos términos: «Lo mejor que podría salir de ella para la economía global, si uno puede expresarse así, sería un barril a 20 $ dólares».
Krugman observa con inquietud que ese objetivo no ha sido alcanzado. El derrocamiento de Saddam Hussein y el fin del embargo no han bastado para reanimar la producción iraquí en las proporciones que se esperaba. El alza de los precios mundiales continúa, los precios de las gasolineras aumentan diariamente.
Krugman refleja el temor de sus lectores y de los estadounidenses en general: está llegando el momento en que esa alza pondrá en peligro el modelo económico del país y su modo de vida. Krugman descarta las soluciones tecnológicas ilusorias a las dificultades geológicas (perforar más pozos no permitirá detener el declive) y concluye, con desasosiego: «Lo que tenemos que hacer es adaptarnos».
Al terminar su tribuna con tan artística imprecisión, deja a sus lectores en la alternativa entre aceptar el decrecimiento (cosa que ningún pueblo admitiría sin que se le obligue a ello) y la solución militar. En cuanto a esta última, ya que la estrategia de Bush no ha hecho más que enriquecer a algunas compañías amigas como Halliburton (con un 80% de crecimiento en sus dividendos durante los últimos tres meses) sin resolver el problema, no queda más solución que la estrategia de Kerry [6].
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El famoso «Pico de Hubbert» mundial según el modelo que estableció el ASPO siguiendo la técnica de estimación desarrollada por el geólogo Marion King Hubbert en los años 50. En lo tocante al petróleo convencional (límite superior de la parte anaranjada), nos encontramos actualmente en una bandeja, que se manifiesta mediante una importante fluctuación de los precios ligada a la inseguridad de la oferta futura ante un crecimiento permanente de la demanda.
Fuente: Asociación para el Estudio del Pico Mundial de la Producción Petrolera (ASPO) Estimación de 2003. Infografía: Red Voltaire

De manera paradójica, el antiguo candidato demócrata apareció por tanto como el continuador de Bush padre, quien declaraba en 1991: «Nuestro modo de vida no es negociable».
En los años venideros, el Medio Oriente se convertirá progresivamente en el punto de origen del petróleo exportable. Prácticamente en todas las demás regiones del mundo la producción ha comenzado a mostrar un declive irreversible.
Por consiguiente, la OPEP (organización de países exportadores de petróleo) se verá inevitablemente en posición de superioridad con respecto a los productores que no pertenecen a ella, lo cual pondrá en manos de esa organización un poder económico y político creciente mientras que la civilización industrial dependa de la energía fósil. Eso es precisamente lo que temen los arquitectos del «Gran Medio Oriente» [7] y es lo que quieren evitar mediante la coerción militar.
Las reservas del Medio Oriente son la clave del poderío para los próximos decenios. Eso permite entender mejor la verdadera significación de la frase que pronunciara George W. Bush después del 11 de septiembre de 2001: «Están con nosotros o contra nosotros».
En 2010, los países del Golfo Arábigo-Pérsico tendrán bajo su control exclusivo más del 60% de la producción mundial de petróleo y, lo que es más importante aún, el 95% de la capacidad de exportación a nivel mundial. Buena parte de la producción de los demás Estados que disponen de reservas significativas se verá entonces absorbida por su propio consumo doméstico.
A la luz de los datos geológicos y económicos, sería posible resumir entonces el grito de guerra de los neoconservadores de la siguiente manera: los países del Golfo, mayoritariamente musulmanes, gozarán de un poder económico decisivo sobre el conjunto del mundo industrial, a menos que la fuerza militar del «mundo judeocristiano» se lo arrebate.
La producción de los países que no son miembros de la OPEP ha comenzado un declive general y será superada pronto por la producción de los países de la OPEP, con Arabia Saudita e Irak a la cabeza. Este último podría servir de caballo de Troya a Estados Unidos si se mantiene la ocupación. Hay que observar, además, que para acentuar su creciente peso económico, los países de la OPEP, impulsados por Hugo Chávez, estudian la posibilidad de adoptar el euro como moneda para las transacciones petroleras.
En ese sentido Irak ya había mostrado el camino antes de la invasión de la «coalición por el petróleo barato», que restableció inmediatamente el dólar para las transacciones petroleras.
Según esa lógica, el «choque de civilizaciones» no sería más que un problema de repartición de recursos, por consiguiente, una cuestión económica. No hay otra explicación posible ya que no hay ninguna razón para que el mundo árabe odie a un país que se verá forzosamente obligado a transformarse en su vasallo económico. La retórica del choque cultural y religioso es un engaño que busca arrastrar a la opinión pública a un conflicto cuyo desenlace sería económicamente provechoso para el que lo suscita.
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El término de réservas debe ser considerado con precaución. Explico, cuando un país alcanza su pico de producción petrolera, es decir la mitatd de las reservas posibles de explotables, su producción comienza a declinar progresivamente la cual se convierte poco a poco más costosa. Así por ejemplo, los EEUU que alcanzaron su pico de producción en 1970, importan hoy en día más del 60% del petroleo que consumen. Los costos de producción del petróleo en los EEUU son por lo menos tres veces más costoso al petróleo producido en un país como Arabia Saudita que no ha alcanzado todavía su pico de produción. Los países señalados con una flecha verde son los únicos capaces de aumentar su producción ante la tendencia a la baja o declive de los yacimientos en el resto del mundo. Los trabajos de la asociación ASPO muestran que de aquí a pocos años, esta aumentación potencial no bastará y la producción global disminuirá, hproduciendo un choque en mercado mundial, el cual se basará en la oferta y no en la demanda.

Incluso en el seno de la industria del petróleo o alrededor de ella, un número creciente de personalidades, que no ven con buenos ojos esta perspectiva de guerra de recursos generalizada, se pronuncia por un replanteamiento minucioso, y transparente, del aprovisionamiento energético a nivel mundial.
Muchas voces reclaman, en definitiva, el control de la repartición energética mundial por una instancia que sea lo más independiente posible. Así lo hacen tanto el ecologista Yves Cochet, ya mencionado, como el liberal Matthew Simmons. Ambos piden, como muchos otros, un plan mundial de emergencia para detener la inminente crisis energética [8].
En situación de penuria, la cuestión del libre mercado deja de existir y los más fuertes se convierten en depredadores para mantener su propio nivel de vida. Esa es la perspectiva que anticipa el tándem Bush-Cheney [9] al abrir las vías de comunicación en Afganistán y Georgia, al tratar de derrocar el gobierno de Venezuela y con la invasión de Irak.

La Crisis de los Precios del Petróleo

La Crisis de los Precios del Petróleo


La compañía Bloomberg Business ha compilado el promedio de 17 pronósticos de diferentes países de donde se deriva que hacia fines del 2016 el precio del petróleo WTI sería de 46 dólares por barril, mientras que el Brent costaría alrededor de 48 dólares. Se espera que Estados Unidos reduzca su producción actual en 620,000 barriles por día de acuerdo a la información de su Agencia de Energía. Sin embargo la Agencia Internacional de Energía (AIE) espera además que la producción de petróleo en los países que no forman parte de la OPEP se reducirá en 600,000 barriles por día.
Dichas cifras han sido confirmadas por diversos bancos internacionales de gran importancia, como Citigroup, UBS y Societe Generale, mientras que los expertos de Goldman Sachs estiman que en el último trimestre del 2016, la producción de los Estados Unidos caerá hasta 8.49 millones de barriles por día. Aun cuando el pasado 20 de enero el precio del WTI cayó hasta los 26.55 dólares, su mínimo en casi 13 años, mientras que el Brent cerró en 27.88 dólares y la OPEP cotizaba a 23.85 dólares. A esto le siguió un rebote como consecuencia de posibles recortes en la producción de la OPEP y de Rusia, aun cuando esas posibilidades no fueron confirmadas.
Estos precios muy bajos han repercutido en las economías occidentales ya que en los últimos cinco años todo el mundo se ha acostumbrado a un bajo crecimiento económico con altos precios en el petróleo. De modo que muchas empresas quebraron y la economía mundial se encamina a una gran recesión. Las graves dificultades que sufren los países petroleros se reflejan en forma negativa en los planes de inversión del sector de energía y en el 2015 se redujeron en un 20%. La abundancia en exceso de hidrocarburos llevó a la caída en la demanda de alternativas, incluidas las reservas de energía renovable. También desapareció el dinero barato, por lo que los exportadores estaban confundidos e invertían en una gran variedad de proyectos para toda Europa.
La AIE (Agencia Internacional de Energía) que asesora a los Estados Unidos y a otros países industrializados dijo en el reporte mensual del mes de enero que la demanda mundial de crudo aumentaría en 1.21 millones de barriles por día en el 2016 que significaría una baja de 150 mil bdp desde el pronóstico del mes pasado. El recorte en la demanda se debe en parte a una economía mundial más débil y hace que las estimaciones de la AIE sobre el crecimiento de la demanda del 2016 sean menores a las de los otros dos grandes organismos, cuyos reportes son seguidos de cerca por el mercado: la Oficina de Información de Energía de los Estados Unidos (EIA) y la OPEP.
Los suministros de petróleo de naciones fuera de la OPEP se desvanecen con rapidez y la desaceleración más fuerte es la de los Estados Unidos donde la producción de petróleo y de condensados ha empezado a caer. La OPEP aumentó la oferta de crudo en septiembre pasado en 90mil bdp según estimaciones de la AIE, por lo que espera que la producción de petróleo del grupo se mantenga en torno a 31.5 millones de bdp en los próximos meses.
Se estima que la producción de los países fuera de la OPEP disminuya en el 2016, mientras que se han contraído las perforaciones en los Estados Unidos. El resumen de la situación en millones de barriles por día sería el siguiente: EUA 12.4, Arabia Saudita 11.6, Rusia 10.6, China 4.4, Canadá 4.3, Irán 3.4, Irak 3.3. Emiratos Arabes 3.2, México 2.8 y Kuwait 2.8.
En medio de este conflicto el Primer Ministro de Rusia, Arkadi Dverkovich señaló que su país no podría considerar un acuerdo de precios con la OPEP mediante una reducción en su producción, ya que su sector petrolero es en gran medida propiedad del sector privado y no está bajo control directo del Estado. Aunque si los precios del petróleo llegasen a estar en un nivel bajo durante un extenso período de tiempo sería inevitable una corrección en la inversión productiva y eso llevaría a una cierta disminución de la producción, pero no sería un acto resolutivo del Estado. Algo similar y no menos cauto expresó Alexander Novak, el Ministro de Energía sobre cualquier negociación entre la OPEP y los exportadores de crudo que están fuera de dicho grupo.
Son múltiples y variadas las teorías que podrían derivarse de esta situación de crisis en los precios del petróleo, pero es obvio que al margen de lo que llegue a suceder entre los grandes productores y la OPEP existen varios hechos visibles en el panorama mundial que pueden ayudar a la elaboración de una prospectiva de precios en el petróleo para los próximos años:
1° No hay duda de que el mundo está entrando en una fuerte decadencia económica que muy pronto le llevará a una gran recesión, quizá peor a la de los años 30s.
 2° Las principales potencias bélicas están desarrollando armas y procesos de guerra muy modernos, donde se excluye el uso de los energéticos a base de hidrocarburos.
3° Las potencias bélicas más fuertes – con excepción de China – están en bancarrota, por lo que tratarán de eludir cualquier confrontación de grandes proporciones, donde se requieran trasatlánticos, grandes flotas de aviones y armas de destrucción masiva, aunque tratarán de preservar sus empresas bélicas y de mercenarios para luchar dentro de territorios no muy extensos donde puedan utilizar sus nuevos mecanismos de drones, de robótica y de inteligencia artificial.
Adenda: Todo esto conduce a un futuro inmediato con menor índice de violencia bélica y de destrucción del Planeta. Por lo que son totalmente inexplicables los escenarios apocalípticos que tratan de imaginar algunos analistas y comentaristas de los eventos geopolíticos del presente y del futuro inmediato.

lunes, 15 de febrero de 2016

CRISIS MUNDIAL DEL CAPITALÍSMO Y LA CRISIS SOCIAL DE LA ECONOMÍA VENEZOLANA

CRISIS MUNDIAL DEL CAPITALÍSMO Y LA CRISIS SOCIAL DE LA ECONOMÍA VENEZOLANA: La crisis de la economía venezolana no es ajena a la crisis económica del capitalismo mundial, no se trata de imprevisiones, errores o imprecisiones políticas, sino de una crisis estructural del capitalismo y el modelo rentista importador venezolano. Hay una crisis económica internacional para...

jueves, 11 de febrero de 2016

VENEZUELA: CONFRONTACIÓN GEOPOLÍTICA POR EL PODER

Venezuela: Confrontación geopolítica por el Poder

La particular situación que vive Venezuela, debe entenderse como una consecuencia múltiple de diversos procesos, tanto internos como externos concadenados dentro de la dinámica del sistema-mundo. Por un lado, la formulación del Proyecto Bolivariano, que el pasado 4F conmemoró 24 años de su praxis insurgente (1992-2016), significó de entrada una confrontación tanto con el capital trasnacional como con los elementos de una oligarquía articulada con los intereses mundiales. Uno de los elementos esenciales de los denominados Documentos del 4F (http://elperroylarana.gob.ve/catalogo/bibliotecas/4f/732-historia-documental-del-4-de febrero.html ), es el relativo a la formulación de una geopolítica propia, que permitiera acceder a un control más efectivo sobre la renta petrolera. Este tema, implicó de entrada un enfrentamiento con el tradicional papel de proveedor seguro que había tenido el país, desde los inicios de la explotación petrolera en la 1era década del pasado siglo XX.
El Proyecto Político formulado por Hugo Chávez, significó el relanzamiento del nacionalismo petrolero que había sido tan duramente castigado desde los tiempos del derrocamiento del líder iraní, Mohammed Mossadegh en 1953, que creó el Frente Nacional Iraní, cuyo punto de honor fue la defensa de las riquezas petroleras, afectando a la muy poderosa compañía Anglo-Iranían Oil (antecesora de las British Petroleum). Ese nacionalismo petrolero, relanzado por Chávez con la reunión de la OPEP en Caracas en el año 2000 (apenas un año después de asumir el poder), mostró la iniciativa de articular una política internacional no alineada a los intereses, no solo de EEUU, sino de los denominados Imperialismos Colectivos ( Unión Europea y Japón). Por otro lado, el propio Proyecto Bolivariano, significó una visión de país distinta de las formas de conciliación características de la democracia venezolana entre 1958-1998. Con ello, el enfrentamiento (y la conflictividad) fueron múltiples, en términos del factor apropiación de la renta petrolera. Este punto es esencial, para comprender los enfrentamientos y dificultades actuales del país.
La estructura productiva establecida con los inicios de la producción petrolera en la década 1910-1920, generó una conformación económica altamente dependiente del uso de los ingresos por la extracción de hidrocarburos. Esa estructura, conllevó el manejo de contradicciones en tres planos: 1) el externo, entre capital trasnacional y el Estado, 2) el interno, entre el capital nacional y el propio Estado y 3) entre el Estado, sus elites políticas y los ciudadanos. La forma de solucionar esas contradicciones, fue la formulación de la "idea" de propiedad exclusiva del subsuelo, de la cual se derivó todo el planteamiento de la renta petrolera. Así quién controlaba el Estado (los actores políticos), controló el uso de los recursos generados y se apropió de buena parte de los excedentes petroleros, que fueron empleados para direccionarlos hacia la nueva estructura oligárquica, ya no tan asociada a la exportación agrícola (como había sido la norma entre los siglos XVII al XX), y otra parte, se utilizó para impulsar una política de inversión del Estado de Bienestar, mientras se seguía favoreciendo e intercambio desigual con las grandes trasnacionales.
No puede negarse, que en términos de una estructura anti-capitalista, las ideas del Proyecto Bolivariano de Chávez se quedaron cortas. El denominado Socialismo del Siglo XXI, que planteó la ruptura con las formas tardo-capitalistas, quedó sólo en un planteamiento. El "adequismo rentista", es decir, el uso de la renta para crear clientelismo y burocratismo, permeó las ideas (peor aún la praxis) del Proyecto Bolivariano y con ello, lo que pudo avanzarse no se hizo. La estructura de funcionamiento político, del modelo de Estado implementado por Chávez, a pesar de lo establecido en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la nación (2001-2007) y el Proyecto Simón Bolívar (2007-2013), no afectó la dinámica del Estado rentista, como Estado Capitalista, a pesar de los anuncios y esfuerzos realizados por el propio líder del 4F.
Las formas clientelares y rentísticas se vieron favorecidas por el éxito de la estrategia de precios internacionales y el fortalecimiento de la OPEP después de la firma de los Acuerdos de Caracas (2000) y la posterior articulación de mecanismos geoestratégicos derivados de las ideas planteadas por Chávez en esa reunión (no alineamiento, multilateralismo, impulso de un mundo pluripolar). La escalada de los precios de venta del petróleo, permitieron contar con enormes recursos económicos destinados al desarrollo e implementación de las misiones sociales, y con ello, las ideas planteadas desde 1992, de crear otro modelo de Estado y otras formas de participación no clientelares, se vieron progresivamente pospuestas.
Es este elemento, el que permite entender como una organización como el PSUV pasa de obtener 8.191.132 votos en octubre de 2012 a sólo obtener 5.615.300 en diciembre de 2016. Simplemente no se transformó en un partido revolucionario, capaz de impulsar "un bloque histórico" en el sentido gramsciano, sino que sigue funcionando como una maquinaria de poder, por el poder mismo, a pesar de los esfuerzos de buena parte de sus militantes por crear condiciones de superación de las características del modelo capitalista rentístico. De ahí la eficacia de la política comunicacional de la oposición, que empleando estrategias de Guerra psicológica de IV Generación, logró inmovilizar a más de 2.575.832 votantes del PSUV.
No hay duda, sin embargo, que ciertas ideas y praxis de ruptura postcapitalista han sido asimiladas. Me refiero a las propuestas de poder comunal o poder popular, ya presentes en los documentos del 4F y en el Libro Azul (http://www.opsu.gob.ve/portal/vistas/descargas/banners/arc_Libro_Azul.pdf ), las ideas de creación de una democracia popular y revolucionaria, pero las mismas han sido "contenidas"por la nomenklatura del PSUV, particularmente por las tendencias pragmáticas y dogmáticas. La primera, insistente en el denominado "tareismo", la idea de "gobernar es hacer" pero sin cambiar las estructuras y las formas de dominación. La segunda, insistiendo en repetir los errores de interpretaciones equivocadas en términos de economía política, que condujeron al fracaso de las experiencias rusa (1917-1991). Nos encontramos en un punto de quiebre o no retorno.
Por un lado, la rearticulación de los viejos (y nuevos) actores políticos, con el liderazgo visible y provocador del socialdemócrata Henry Ramos Allup (AD), el radicalismo de derecha de Voluntad Popular (VP) con Leopoldo López y las tesis neoliberales de Primero Justicia (PJ), que junto a la derecha internacional (Álvaro Uribe en Colombia, Felipe Calderón en México, Mauricio Macri en Argentina, José María Aznar y Mariano Rajoy en España, entre otros) buscan retomar los espacios geopolíticos perdidos en Venezuela, principalmente por el hecho de la presencia en nuestro país de las más importantes reservas de petróleo del mundo ( más de 1 billón, ochocientos mil millones de barriles de crudo, repartidos en el este – 750.000 barriles en la frontera marítima con la república Cooperativa de Guayan-, en el oeste – cerca de 540.000 millones de barriles en el Golfo de Venezuela, en la frontera con Colombia- y en el centro del país – La Faja Hugo Chávez, en el Orinoco con más de 510.000 millones de barriles).
La estrategia de la Oposición, en conjunción con enormes e importantes campañas comunicativas en todo el mundo, principalmente en España, Colombia, EEUU, Argentina, México, es presentar al Gobierno de Nicolás Maduro como un Estado con doble debilidad. En el plano internacional, como un Estado Forajido, es decir, que no tiene control sobre sus fronteras, que violenta las normas de convivencia internacional, principalmente en lo que respecta a la preservación de los derechos humanos y las garantías de libertad. En lo interno, se presenta al Gobierno de Venezuela como un Estado Fallido, eso es incapaz de mantener la paz y la tranquilidad necesaria.
Ambas tesis, han significado el inicio de operaciones de manipulación mediante la creación de "marcos informativos", que presentan al país sumergido en una inevitable y catastrófica crisis humanitaria, que amenazaría a toda la subregión del Caribe. Ya en el mes de julio de 2015, a través de un analista de la Escuela de Guerra del Ejército de EEUU, Robert Evan Ellis(https://www.academia.edu/16059343/La_Implosion_Iminente_de_Venezuela) , se advertía sobre los riesgos para todo el Caribe y sobre todo, para los intereses estratégicos de EEUU en la zona, ante una eventual (e inevitable según el analista) crisis institucional en Venezuela. En este mismo marco interpretativo, se han generado innumerables artículos de opinión y pronunciamientos de medios y actores políticos en los diversos centros pivotes desde donde se estructura esta campaña contra Venezuela.
Estamos ante lo que el Vice-presidente de Bolivia, Álvaro García Linera denomina "empate catastrófico", caracterizado por una confrontación entre dos fuerzas políticas, con proyectos disimiles; que tienen control institucional de alguna parte importante del Estado (El Gobierno de Nicolás Maduro ejerce el poder Ejecutivo pero perdió el control del Poder legislativo) y que actúan ante el hecho evidente de la paralización de la efectividad de acción del Estado, en términos sociales y económicos. Ese empate solo puede quebrarse a través de una gran acción movilizadora del poder popular, pero esta acción según nuestro criterio, tiene que surgir de los propios sectores movilizados y comprometidos con las ideas de transformación y superación de la sociedad rentísta y capitalista venezolana, contenida en el Plan de la Patria y no de la nomenklatura del PSUV y el Polo Patriótico (PP), que hasta ahora han sido ineficaces en enfrentar la estrategia de la oposición, cuyo talante democrático está seriamente comprometido.
Lo que está en juego en Venezuela, es mucho más que el propio ritmo y destino del modelo democrático, se trata de una confrontación relacionada en términos geopolíticos con el papel que ha jugado (y puede o no seguir jugando) el país en el conflicto entre los imperialismos colectivos (EEUU, Unión Europea y Japón) con los BRICS (Brasil, Rusia, China, Sudáfrica, India y otros). Por otro lado, es una confrontación que tiene que ver con la propia geopolítica de Nuestra América y la posibilidad que significa la alianza entre Argentina, Brasil y Venezuela. El quiebre de uno de esos factores, con el triunfo del representante de la oligarquía argentina Mauricio Macri, ha impulsado el intento de estructurar ofensivas similares en Venezuela y Brasil, fijando sus objetivos en la ruptura de los gobiernos de Nicolás Maduro y Dilma Roussef, bajo cualquier medio revestido de un aparente carácter constitucional.
Se trata de la implementación de estrategias desafiadoras, de actores no necesariamente imbricados en el sistema legal, tal es el caso de Leopoldo López, y su praxis de confrontación con la estructura del estado, encabezada por Nicolás Maduro, o las propias acciones implementadas contra la Presidente de Brasil por las elites paolistas. En ambos casos, únicamente la acción articulada de los actores populares, más allá de las nomenklaturas políticas del PSUV en el caso de Venezuela o el Partido de los Trabajadores (PT) en el caso de Brasil, puede impedir que ocurra en ambos países lo que ya ha ocurrido en Argentina. La realidad de la estrategia y el éxito en alcanzar el poder, basado en explotar los errores, los dogmatismos, la parálisis del Estado o el ocultamiento de la corrupción en el caso Macri, para avanzar en un desmontaje del Estado, la apertura al capital trasnacional o peor aún, la claudicación de las políticas nacionalistas es una muestra de lo que puede ocurrir, sí no se construye una red de acciones y desenmascaramiento de las estrategias de la nueva derecha en el escenario internacional. Hay que terminar citando a Antonio Gramsci, en Odio a los Indiferentes (1917): "Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes.
La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia."
Dr. Juan Eduardo Romero J.

martes, 9 de febrero de 2016

LAS RECOMENDACIONES DEL ÚLTIMO HOMBRE A CABALLO Y LA RENUNCIA DE MADURO

LAS RECOMENDACIONES DEL ÚLTIMO HOMBRE A CABALLO Y LA RENUNCIA DE MADURO: Existe en Venezuela una conspiración a diestra y siniestra, de derecha y de izquierda, tofo por la renta petrolera, apelando a mecanismos y acciones legales y también no constitucionales para la salida del Pdte de Venezuela, N. Maduro. ¿Que discute la oposición política y empresarial apátrida...